Al llegar a casa después de mi viaje, mi madre me hizo
miles de preguntas sobre cómo que tal era el vestido de Manuela, quién agarró
el bouquet y que lugares visité, pero lo que más le interesaba saber era si
algún amigo de los novios se fijó en mí, logrando intercambiar nuestros
celulares para seguir conociéndonos. Mamá dice que la juventud es un divino
tesoro que no dura toda la vida, así que siempre me recomienda que salga con
mis amigas que están solteras como yo, que me maquille y me ponga el outfit más lindo para no quedarme a
vestir santos como decía mi abuela.
Le conté toda mi travesía en Bogotá y sobre la isla
Johnny Cay, que tiene un mar tan cristalino que parece que estamos en una
piscina e incluso se pueden ver unos peces que se camuflan al color del agua y
también, unas anguilas. Allá todo es tan relajante que no cambiaría por nada
esa experiencia.
Cuando ordené toda mi ropa del viaje y puse a lavar lo
que necesitaba, vi accesorios que pensé que había perdido o que no usaba hace
mucho tiempo. Tenía botas que había olvidado que compré, como también, una
casaca de cuero que, según yo, era mi lujo para salir con mis amigas a un bar o
reunión.
Voy a la cocina a almorzar y mi madre me enseña una revista que le
regalaron en una peluquería con unos looks que están en tendencia, recomendando
que color de cabello combina mejor con nuestro tono de piel y que corte según
la forma del rostro.
- Porque no miras qué estilo te queda mejor Maca, creo que un cambio de look no te quedaría nada mal, ¿Qué dices?, comentó mi madre después de servirme su tradicional puré de papas con pollo adobado que prepara todos los domingos.
Si mal no recuerdo, serán unas 3 veces en las que no hemos almorzado eso
los domingos; 1) estábamos de viaje en Arequipa, 2) fue mi cumpleaños número 18,
por lo cual, decidí ir a Chilis para comer una hamburguesa y 3) ella se sentía
un poco mal, por ello, el Dr. le dio descanso médico de cuatro días, lo que
para ella significa tender camas, descansar, ordenar lo que se necesita y
volver a descansar.
Después de meditarlo bien, decido ir a
una peluquería conocida por los buenos productos que utiliza y que, a pesar de
funcionar con citas por la cantidad de clientes que tienen lograron atenderme.
A pesar de que quería sentirme renovada, les dije que quería cambiar mi largo
cabello ondeado por un deflecado que combine con mi cara pequeña y le dé más
vida. Me recomendaron que me haga iluminaciones con una tonalidad menos que mi color
natural, sin embargo, después de los gastos que hice en mi viaje, les prometí
que volvería a visitarlos en un mes. Mi
cambio no fue drástico, pero, me gusta cómo me veo.
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