DESORBITADA by Thalía Ferreyra

lunes, 14 de febrero de 2022

Cap 3. TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad)

Desde mi niñez sufro de problemas de atención, que según mi mamá lo heredé de mi padre ya que el siempre olvida todo, incluso una vez hizo un problema en el estacionamiento de un supermercado porque decía que le habían robado una caja con documentos importantes en los asientos de atrás de la camioneta y que no iba a parar hasta encontrar al culpable. No supo donde esconder su rostro hasta cuando al entrar a su habitación, encontró en el walk in closet la caja con los documentos que, según él, le habían robado. Demás está decir que esa experiencia fue contada múltiples veces en reuniones familiares y mi papá no hacía más que decir que su cabeza estaba llena de “tantas obligaciones” que él creyó que lo había puesto en carro.

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno común de la infancia y puede afectar a los niños de distintas maneras. Se puede presentar dificultad para mantener enfocada la atención en una tarea determinada, ya que, ante el mínimo estimulo distractor, se puede desconcentrar. Sin embargo, no solo se presenta problemas para atender, sino, para mantenerse quieto, lo cual, en diversas oportunidades produce que los profesores consideren que los que presentan dicho trastorno con predominancia a la hiperactividad son desobedientes y reciban la etiqueta de “alumno(a) problema” sin haberse informado previamente que dicha persona no lo hace de manera adrede.

La razón por la cual me diagnosticaron TDAH con predominancia en inatención fue por el gran susto que le di a mi madre a los 8 años, cuando, después de esperar treinta minutos en el paradero del bus escolar, yo no llegaba a mi destino. Preguntó a todo aquel que pasaba por la calle si me habían visto, hasta que una señora al verla tan preocupada se solidarizó con ella y pudo ayudarla a llamar al chofer de mi bus, el cual, después de haberse comunicado con todos los conductores de los demás buses llegaron a la conclusión que me había subido al bus equivocado ¡Grosso errore! y me habían dejado en otro distrito distinto al mío. Mi madre fue a buscarme rápidamente y después de haber llorado desconsoladamente, prometió irme a recoger al colegio a partir de ese día.

Por encargo del Dr. Ramírez, mi psicólogo de la infancia, mi habitación sufrió una serie de modificaciones, ya que, al presentar dificultad para atender, lo más recomendable era que tenga los menos estímulos posibles, es decir, solo tenía mi cama, una mesa de noche con una lámpara y un mueble con mis libros favoritos. Además de recibir ayuda en un centro para niños que tenían la misma dificultad que yo, tomaba un medicamento llamado metilfenidato que me ayudaba a concentrarme mejor en clases y con ello, pueda aprobar todos los cursos. Conforme fui creciendo, pude controlar mejor mi desatención y mi familia me ayudó a fortalecerlo.   

 

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3. Sabrina

    - Jóvenes, para el día jueves deben de traer fotografías de su familia, plumones, goma, tijeras y si pueden, hojas de colores para hacer...