DESORBITADA by Thalía Ferreyra

lunes, 14 de febrero de 2022

3. Sabrina

  - Jóvenes, para el día jueves deben de traer fotografías de su familia, plumones, goma, tijeras y si pueden, hojas de colores para hacer la línea del tiempo, comentó el profesor Flórez de la clase de Ciencias Sociales.

Todos nos quedamos mirándonos en silencio en medio del amplio salón color blanco con grandes ventanales que tenían una de las mejores vistas del colegio: el área verde con bancas estilo vintage y unos árboles enormes que nos sirven de refugio cuando el sol está calentando en todo su esplendor. En ese momento, recuerdo el primer beso que me di con Braulio, un chico 3 años mayor que yo que ahora está en la universidad pero que en ese entonces tenía 16 años y yo tan solo tenía 13 años. 

<Mis manos no dejaban de tocar el mechón rebelde que se desprendió del moño desaliñado que me hice, esperando que mi padre me recoja en el colegio, un viernes de invierno. Braulio estaba conversando con unos amigos de un video juego famoso del momento y yo me quedaba contemplándolo como los amantes del arte admiran un cuadro, apreciando la técnica, los colores, el mensaje…

- Hola Sabrina, que haces sentada sola….

- Hola, estoy esperando a mi padre. Vamos a ir a comer un helado juntos. 

-¡Suena bien!, comentó con una cara que transmitía nerviosismo.

- ¿Te gustaría ir a caminar mientras lo esperas?, agregó.

- Dale. 

Estábamos caminando por el sendero que nos dirigía al lugar donde hacemos ejercicios, cuando sentí el roce de sus dedos en mi mano izquierda y tímidamente le respondí, tomándonos de la mano. Metió el mechón rebelde que tenía bajo mi oreja y acaricio mi mejilla salpicada de pecas como estrellas en el firmamento. 

-No me había dado cuenta que tenías varias pecas, sobre todo en la zona de la nariz, comentó. Sonreí y agaché la cabeza para que no note que me estaba empezando a sonrojar. Me puse a mirar un pájaro que estaba caminando sin rumbo por el césped. Sujetó mi rostro con dulzura y me dio un beso, suave y tierno, que para mí fue más que especial porque el autor era quien provocaba remolinos en mi estómago cuando lo miraba>

-Sabrina? Sabrina? Hey,  hay que salir antes de que el recreo se acabe, me dijo Matías con una voz entre ronca y similar a un pito a causa del cambio de voz que está teniendo a causa de la adolescencia. El recordar el beso que me di con Braulio me hizo escapar un rato de la realidad hasta que Matías produjo que regrese a la realidad. 

–¿En qué estabas pensando jirafita.. ¿qué o quién es el causante que estés en cualquier lugar menos que en el colegio?, comentó Luli mientras disfrutaba una paleta de fresa que tanto le gusta.

-Nada importante en realidad, yo solo…. 

-Estás enamorada, añadió Carla. 

¿Enamorada?  hasta el momento no sé cómo se siente estar enamorada. Para ser sincera, solo me he ilusionado, como con Braulio, pero enamorada no, eso no. Mi padre me comentó que cuando conoció a mi madre en una reunión de reencuentro de ex alumnos del colegio supo que iba a ser su compañera de vida. Mi madre se hizo de rogar por unos meses, hasta que ya no pudo más con la insistencia de mi padre en salir a pasear, al cine o comer algo. 

-Creo que hoy tocará sacar al baúl de los recuerdos de mi familia y buscar fotografías para la clase del jueves, comenté, eliminando el silencio que nos invadió unos instantes. 

-Creo que llegué última en la fila de dotes artísticos así que les pediré un poco de ayuda el jueves, mencionó Luli con voz agotada después de haber corrido hasta donde estábamos sentados en estilo indio. El timbre de salida sonó y todos nos levantamos de nuestros asientos rápidamente como si las sillas quemasen. No sé por qué, pero mi mochila pesaba como los demonios, por eso Max se ofreció a ayudarme y me pareció ver un atisbo de sonrisa en su cara cuando pasó Lucía, una compañera nueva de la sección B. Estaba tan cansada que no tuve energía para sacarme la duda si lo que vi fue una alucinación mía o quizá estaba empezando a sentir algo por la “nueva”, como todos le decíamos pese que estamos prácticamente mitad de año.  


 

2. Sabrina

 Llegó el viernes y con ello, el día en el que siempre vamos a un parque cercano a nuestras casas a pensar en algún plan entretenido o al menos pasar el tiempo juntos. Es el último año en el que vamos a contar con más tiempo para hacer alguna actividad juntos, así que tratamos de aprovecharlo al máximo.

¡Adivinen que tengo aquí!, brownies recién horneados, comenta Luli con una gran sonrisa que acentúa los hoyuelos que tiene en sus cachetes, dándole un aspecto dulce, pero a la vez muy femenino.

¿No has pensado en venderlos en el colegio?, están exquisitos, es más, guárdame uno para comérmelo mañana, comentó Max.

Muy lindo todo, pero, como que ya me estoy empezando a enronchar con tanto dulce. Ya pues, hablen ahora o callen para siempre, ¿Qué hacemos? Que yo sepa, hace más de siete años que pasamos la etapa de los columpios y resbaladeras, comenta Carla poniendo los ojos en blanco y mirando al cielo, como si necesitara ver las estrellas para calmar su tensión.

Desde que somos amigas, ella siempre ha pasado de los planes “tranquilos” e incluso su primer beso fue a los 10 años con un primo de Matías que vino de Argentina para pasar las vacaciones de verano.

Al final terminamos yendo a mi casa a ver una película.  Preparamos pop corn en el microondas y nos quedamos despiertos hasta medianoche, excepto Matías que por poco empieza a babear en mi almohada. Nos despedimos, me puse pijama y me eché a dormir. A eso de las 2:00 am escuché que me llegó un mensaje al celular que, para mi mala suerte, olvidé de ponerlo en mute. Era Luli. No podía dormir porque estaba sola en casa ya que sus padres se fueron de viaje por trabajo y su hermano menor se quedó en casa de una tía. Le respondo en automático que venga a casa y que se quede a dormir conmigo. He vivido la experiencia de dormir sola y pese a haber escuchado música relajante, beber una manzanilla caliente, sentía que las horas pasaban más lento y la mañana se hacía esperar. Que caprichosa se puede poner el amanecer a veces.

Al despertar, me pongo a preparar mi especialidad para el desayuno, panqueques de avena y como toppings, frutos rojos. Conversamos un buen rato y la acompañé a su casa para que no se sienta sola.

El día estaba agradable, con un sol que no quemaba y un viento fresco que hacía bailar mi larga cabellera marrón y a veces, al rozar por mi nariz me causaba cosquillas.  Me puse a caminar de regreso a casa y mi madre me llamó para decirme que iríamos a un restaurante campestre en Pachacamac, una zona campestre a las afueras de Lima, con áreas verdes y juegos para que Gael se entretenga con niños contemporáneos a él. Después de una hora, salimos en la camioneta y decidí encender la radio, sintonizando mi programa radial favorito. Me pongo a tararear Mirror de Justin Timberlake mientras disfruto el paisaje tras la ventana, recreando en mi imaginación una película con mi actor favorito.

Comimos delicioso y con postre incluido. En el restaurante que fuimos hacen shows musicales con bailes típicos de las regiones del país. Fue bonito ver las coloridas vestimentas hasta que pasó lo que menos imaginé.

¡Sácala a bailar a esta muchachita!, le encanta bailar y sobre todo en público. Pues, gracias a mi padre y a su entusiasta comentario, uno de los bailarines me sacó a bailar y claro está que mis padres parecían estar en alguna presentación musical como cuando estaba en kínder que empezaron a tomarme miles de fotos y hasta filmaron el “espectáculo” que estaba haciendo en el escenario. Ni crean que esto se va a quedar así. 

1. Sabrina

Estaba teniendo un sueño del más placentero hasta que los gritos de mi madre me sacaron de la burbuja en la que estaba.

-Sabrina, o la alarma y tú han tenido una pelea o el concepto “gestión de tiempo” no te queda claro, espetó mi madre con el ceño fruncido. Si el reloj fuese una persona, estoy segura que sería ella.  

Es mi último año escolar, promoción 2018. Esperé este año con todas mis fuerzas y es cuando una se siente la dueña del colegio. Llegué al colegio cinco minutos antes que cierren el gran portón negro que nos da la bienvenida siempre y me encontré con Max hablando por celular con un tono un poco visceral, por lo que preferí no meterme en sus asuntos.  

¿Se te pegaron las sábanas otra vez? ¿O estas en tus días y no querías venir a estudiar? Si me preguntas a mí, apostaría por la segunda opción, comentó con una sonrisa atrevida.

¿O el clima te está afectando o te golpeaste la cabeza esta mañana?, respondí.

¡Asegurado, es la segunda opción!, insiste Max y me da un beso en la frente como de costumbre.

El aula estaba casi llena y lo extraño fue no ver a Luli. Ella vive prácticamente al costado del colegio así que no tiene excusa para llegar tarde.

-Acabo de hablar con Luli y me dice que se levantó con un dolor de cabeza infernal y que sus padres le dijeron que mejor se quede a reposar en casa, comenta Carla, que esta mañana decidió hacer caso omiso a las normas del colegio y se delineó los ojos con un lápiz negro tan intenso que hasta el más ciego podía notarlo.

El día transcurre bastante tranquilo, como es usual. Es mayo, por lo que no hace mucho calor y es más cómodo salir a caminar en los recreos o ir al jardín a escuchar música y leer alguna revista de moda. Llegando a casa, subí las escaleras de dos en dos, me saqué los zapatos, me quité el brassiere blanco y me sentí libre. Me bañé y me puse a ver algunos capítulos de Friends hasta que Wally, mi pomposo perro bichon frise vino a mi encuentro para engreírlo y sacarlo al parque. Terminé de alistarme al cabo de diez minutos. Me puse mis audífonos y emprendimos el paseo. Estuvimos fuera unos treinta minutos aproximadamente y regresamos a la casa.

-Cariño, tu madre y yo tenemos una cena en la casa de mi jefe, Brandon, por lo que te voy a agradecer que cuides a Gael, hasta que se acueste, ¿está bien?, <como si tuviera la opción de decir que no y largarme a pasear por las calles miraflorinas>

-No te preocupes padre, me encargaré de mi hermanito, pero eso sí, ni creas que voy a estar correteándolo para que duerma, respondí. Ese diablillo no sé de dónde saca tanta energía después de tantas actividades que hace. 

Le serví su cena al pequeño remolino de 6 años y me echo a ver televisión, hasta que después de tanto zapping me aburro y enciendo la laptop para ver algún video en YouTube o hablar por WhatsApp Web con mis amigos. La única que escribió en el grupo fue Luli, así que nos quedamos conversando un buen rato y me comentó que ya se sentía mejor gracias a la pastilla que le recetó el doctor junto al reposo absoluto. No sentí la hora en la que llegaron mis padres, solo sé que al despertar en plena madrugada había un cuerpo pequeño en mi cama con un pijama verde de cocodrilo, una pierna en mi estómago y un brazo en mi cara. Linda manera de amanecer. 

Prólogo - Invierno Entre Nos

Siempre he tenido presente que pertenezco a una familia normal, sin ningún secreto escondido por temor al famoso “que dirán”. La premisa para toda relación fructífera es “sinceridad, aunque duela”, al menos es lo que siempre escuchaba decir a mi padre cuando estaba en reuniones con sus amigos y lo decía con tanta firmeza que esas palabras parecen tatuadas en mi memoria y me acompañan en el día a día. A veces, solo a veces, detrás de una vida que aparenta ser de lo más tranquila se cobijan historias que terminan por reventar la burbuja en la que creías estar, enseñándote a caminar con cuidado y pensar dos veces antes de tomar decisiones, derecha o izquierda, café o té, terror o comedia.

He leído de amores y desamores; hacia los padres, a Dios, a los hijos, a la profesión, a la pareja, pero para mí, el amor es amor y si es genuino lo es todo. No puedes ir a una tienda, ver a alguien que te gusta y pagar como si fuese un producto. Si no te gusta, lo devuelves y escoges otro, así de simple. Pero no, nada es fácil, ni color rosa con aroma frutal, como el de Ricardo, ¡caray!, con tan solo mirarlo se me paraliza el cuerpo y siento que soy un títere que se desvanece y se mueve a su antojo. Con una mirada que, si matase, estaría varios metros bajo tierra y si bien son color miel con matices verdes, conforme más te vas acercando, se va tornando oscura, mostrando un pasado que da frío, pero… te envuelve las ganas de descubrirlo y arriesgarte, pese que puedes caer muy al fondo, sin un salvavidas.

En un segundo las cosas pueden cambiar, para bien o para mal. Es ahí cuando te detienes y te das cuenta que hay sucesos que te pueden llevar hacia otro carril, en el que jamás imaginaste estar, pero toca seguir andando o te quedas prisionera de tus miedos, sin la luz que solías tener….

 

Cap 10. Una caja de tulipanes por favor

Sábado, primera hora de la mañana y a mi mamá se le ocurre subir el volumen de su emisora favorita. A ella le gusta iniciar los fines de semana con canciones que le transmitan energía mientras prepara el desayuno. Me acosté tarde ya que me quedé conversando con Gabriel hasta la madrugada sobre series y qué planes teníamos para hoy.

Quedamos en ir a almorzar a un restaurante frente al mar, aprovechando que el invierno se aproxima, queríamos apreciar la hermosa vista que tienen. Desayuné en familia, hice una rutina de ejercicios que vi en YouTube y me di una ducha relajante, escuchando a mi cantante favorito, Fonseca.

 

Eres el arroyito que baña mi cabaña

eres el negativo de la foto de mi alma

eres agua bendita que crece en mi cultivo

eres ese rayito que me calienta el nido

 

El arroyito, Fonseca

 

 

Me puse a escoger la ropa que me pondría, cuando mi madre toca la puerta de mi habitación diciendo que estaba en videollamada con Fabia. Nos contó que su visita a Lima se postergaría un poco ya que buscó un trabajo part - time para ocupar su tiempo libre en algo productivo y le dijeron que podía tener una semana libre en un mes, por ello, tuvo que cambiar su boleto de avión para el 18 de Julio. Minutos después de haber cortado la videollamada me eché en la cama mientras revisaba Instagram. Me quedé mirando el video de una amiga del trabajo cuando mi madre hizo acto de presencia.

 

-Te buscan, comentó mi madre en el umbral de mi habitación.

 

Cuando pasé por el pasadizo que dirige a la puerta principal escuché una risa que me puso un poco nerviosa.

 

 -Tulipanes para una bonita, y para que veas que me acordé de tu color favorito, son violetas, comentó Gabriel, con una media sonrisa, mientras me entregaba el ramo de tulipanes.

 

 -Gracias Gabo, no te hubieses preocupado, respondí, dándole un abrazo que quise darle desde el día en el que empezamos a salir.

 

Durante el almuerzo, conversamos sobre cómo nos fue en el trabajo mientras observábamos el mar y a los pájaros revoloteando en el cielo. En eso, exclamó que le alegraba que me haya gustado el detalle que tuvo conmigo. Preguntó si me gustaban las carreras de autos ya que Santiago, su mejor amigo corría en la Chutana y le agradaba la idea de que sea su acompañante.

 

-Me encantaría. Siempre veía las carreras en la televisión y será genial verlo en directo, comenté emocionada.  

 

Al llegar a casa, mi madre me hizo un interrogatorio para saber cómo lo conocí y me comentó que le pareció muy simpático. Hoy en día los hombres han perdido esa delicadeza de regalar flores en las citas, así que, si tienen esos detalles, es porque realmente le interesas. Le conté que lo conocí en un bar, un día que salí con Sam y Anny. Desde ese momento, empezamos a frecuentar, intercambiamos nuestros celulares y llegamos a esta etapa en la que estamos, conociéndonos. Su mirada reflejaba una gran emoción al ver a su hija ilusionada por haber conocido a alguien a quien hace su corazón palpitar a ritmos alborotados. 

Cap 9. Menuda confesión

Ha pasado un mes en el que no dejamos de hablar todo el día Gabo (como le digo de cariño ahora) y yo.  Despierto con un mensaje suyo deseándome un lindo día, lo cual, es mi motivación para levantarme y trabajar con el mejor ánimo posible. Gabo me dijo para salir los fines de semana, ya que de lunes a viernes se le complica un poco por el trabajo. El tráfico en las calles limeñas cada vez va aumentando, sin importar la hora ni el día.

-Por mi excelente. Hay días en los que mi hora de salida cambia. Una no puede vaticinar el futuro y saber cuándo va a tener una operación de emergencia, le escribí por mensaje.  

 

-Gabo: ¿Cuál es tu color favorito Maca?

 

-Yo:  Es el violeta, desde que soy pequeña. Aunque debo confesar que hace un tiempo uso más el amarillo y en mi habitación, tengo varios adornos de ese color.


-Gabo: ¿Amarillo?, a Nicoletta también le gusta ese color.

 

-Gabo: A mí me gusta el verde, es más, mi carro anterior era de ese color, pero lo tuve que vender por un tema que ya te contaré después.

 

-Yo: El verde me inspira a conectarme con la naturaleza, es un color muy agradable. Ya me contarás por qué vendieron tu carro, seguro fue por un motivo importante.

 

-Gabo: Si que lo es, es una decisión que tomé hace un tiempo.

 

No voy a negar que cuando me contó que la venta de su carro fue por una decisión que tomó hace un tiempo me causó intriga y aunque no quise pensar en ello, resultó un poco complejo. Al cabo de unos días, conversamos sobre nuestras películas favoritas por WhatsApp.

 

-Gabo: Mi película favorita es el transportador. He visto todas. Disfruto más ver películas de acción y de misterio. De esas que no te dejan pestañear ni un solo instante ¿y tú Maca?

 

-Maca: La mía es Mi novia Polly. Me encantan las comedias, los musicales y me llaman la atención las basadas en hechos reales.

 

-Gabo: O sea seguro has visto El Conjuro.

 

-Maca: La vi por una amiga y dormí toda esa semana con la luz prendida.  


Gracias a mi confesión se dedicó a fastidiarme casi una hora. No voy a negar que si hubiese sido otra persona la que me molestaba mi actitud sería otro cantar. Pero fue divertido y llenó nuestra conversación de WhatsApp de gallinas y caras llorando de felicidad. 

Cap 8. Soy como una flor media marchita que poco a poco está tomando color

Después de dos horas colgué la llamada que tuve con Sam y Anny. Les conté que recibí la visita de Gabriel en la veterinaria, también, que a pesar de que al inicio las cosas estaban color de hormiga, su presencia me iluminó el día.  La llegada de Gabriel fue una oportunidad para dejar de ser un hongo como mi madre dice y empiece a disfrutar de mi juventud, pero, sobre todo, de una buena compañía.

Me conecté a Facebook y revisé los mensajes que tenía, esperando tener alguna noticia de él.
-Gabriel Giusti: Hola Maca, fue un gusto verte en la Veterinaria, en verdad, gracias por la ayuda a Bally. Nicoletta me está ayudando con su reposo cuando llega del colegio.
Por cierto, quedo a la espera de tu número celular, no creas que me olvide.
-Maca Ferrer: Hola Gabriel, no te preocupes, para eso estamos en la Veterinaria, nuestro fin es contribuir con la salud física y emocional de nuestras mascotas.
Lo siento, recién me he vuelto a conectar a Facebook, te enviaré un mensaje por WhatsApp para que me agregues ¿sí?

Debo confesar que mi interés por entrar en Facebook era leer algún mensaje suyo, así sea pequeño, me hacía muy feliz. Lo agregué a mis contactos del celular, mandándole un mensaje que decía -Hola Gabriel, soy Maca, ahora podemos comunicarnos mejor por acá. A los pocos minutos me respondió -Hey Maca, ¿Qué tal todo?, seguido de varias caritas felices. Pero ninguno de esos emoticones se compara con la sonrisa que se formó en mi rostro cuando me enteré de que le alegraba tener mi número.

Quedamos en ir el fin de semana en cenar en un restaurante de comida china en San Isidro y después me propuso salir a caminar por un parque muy conocido llamado “El Olivar”. Demás está decir que quería que los días pasen rápido para que sea sábado y nos podamos ver. Al llegar el día esperado, fui en la mañana a comprarme blusas, zapatos y unos aretes que estaban en liquidación. En la tarde me alisé el pelo, pero me decanté por hacer unas ondas en las puntas y vi tutoriales de maquillaje con tonalidades doradas. Mi madre se sonreía al verme tan entusiasmada, pues, no me veía así hace dos años, cuando terminé mi tormentosa relación con un tipo a quien prefiero no recordar.  
Me puse un vestido que no usaba hace un tiempo, unas balerinas negras y un cárdigan azul, ya que a pesar de que no hacía frío, en las noches de San Isidro suele correr un poco de viento. 
-Te ves hermosa, comentó mientras se peinaba con los dedos su oscura cabellera,
-Gracias Gabriel, respondí, mostrándole una tímida sonrisa a pesar de las ganas de darle un beso por lo guapo que se le veía.

Cenamos juntos y antes de ir al parque, me preguntó si quería comer un helado. Si bien estaba satisfecha, acepté la invitación y fuimos por unos helados artesanales que estaban deliciosos. Caminamos por el Olivar, cuando me contó anécdotas de su niñez en Nueva York y de su trabajo.

Le conté de mi viaje a Colombia por el matrimonio de Manuela, de mi hermana Fabia y mis amigas. Todo estaba muy bien hasta que por ver a un niño volando su cometa, no me di cuenta y pisé un charco de lodo que hizo que me resbalara, manchando mi vestido azul. Mi cara so tornó color tomate y de los nervios solo atiné a reírme y Gabriel, con una facción de extrañeza, pero cordial me ayudó a levantarme, preguntándome si me sentía bien.

Me acompañó a un restaurante cercano y me dirigí al baño a limpiar un poco el desastre que se había formado en mi vestimenta y siendo sincera, necesitaba limpiar un poco mi rostro de la vergüenza que pasé en mi primera cita con Gabriel. Después de luchar un poco con la mancha en mi vestido y revisar que todo esté bien, salí del baño en su búsqueda y lo vi apoyado en una baranda mirando muy atentamente su celular. Al verme me sonrió y me abrió la puerta del auto para regresar a casa.

Al llegar, se despidió con un beso en la mejilla y sacó de su guantera un paquete de chocolates.
-Mientras te esperaba fui a comprar unas cosas que necesitaba y compré estos chocolates para ti. Llegando a casa te escribo. No te duermas eh.
Le agradecí por su lindo gesto y a los pocos minutos vi desaparecer su auto. 

3. Sabrina

    - Jóvenes, para el día jueves deben de traer fotografías de su familia, plumones, goma, tijeras y si pueden, hojas de colores para hacer...