- Jóvenes, para el día jueves deben de traer fotografías de su familia, plumones, goma, tijeras y si pueden, hojas de colores para hacer la línea del tiempo, comentó el profesor Flórez de la clase de Ciencias Sociales.
Todos nos quedamos mirándonos en silencio en medio del amplio salón color blanco con grandes ventanales que tenían una de las mejores vistas del colegio: el área verde con bancas estilo vintage y unos árboles enormes que nos sirven de refugio cuando el sol está calentando en todo su esplendor. En ese momento, recuerdo el primer beso que me di con Braulio, un chico 3 años mayor que yo que ahora está en la universidad pero que en ese entonces tenía 16 años y yo tan solo tenía 13 años.
<Mis manos no dejaban de tocar el mechón rebelde que se desprendió del moño desaliñado que me hice, esperando que mi padre me recoja en el colegio, un viernes de invierno. Braulio estaba conversando con unos amigos de un video juego famoso del momento y yo me quedaba contemplándolo como los amantes del arte admiran un cuadro, apreciando la técnica, los colores, el mensaje…
- Hola Sabrina, que haces sentada sola….
- Hola, estoy esperando a mi padre. Vamos a ir a comer un helado juntos.
-¡Suena bien!, comentó con una cara que transmitía nerviosismo.
- ¿Te gustaría ir a caminar mientras lo esperas?, agregó.
- Dale.
Estábamos caminando por el sendero que nos dirigía al lugar donde hacemos ejercicios, cuando sentí el roce de sus dedos en mi mano izquierda y tímidamente le respondí, tomándonos de la mano. Metió el mechón rebelde que tenía bajo mi oreja y acaricio mi mejilla salpicada de pecas como estrellas en el firmamento.
-No me había dado cuenta que tenías varias pecas, sobre todo en la zona de la nariz, comentó. Sonreí y agaché la cabeza para que no note que me estaba empezando a sonrojar. Me puse a mirar un pájaro que estaba caminando sin rumbo por el césped. Sujetó mi rostro con dulzura y me dio un beso, suave y tierno, que para mí fue más que especial porque el autor era quien provocaba remolinos en mi estómago cuando lo miraba>
-Sabrina? Sabrina? Hey, hay que salir antes de que el recreo se acabe, me dijo Matías con una voz entre ronca y similar a un pito a causa del cambio de voz que está teniendo a causa de la adolescencia. El recordar el beso que me di con Braulio me hizo escapar un rato de la realidad hasta que Matías produjo que regrese a la realidad.
–¿En qué estabas pensando jirafita.. ¿qué o quién es el causante que estés en cualquier lugar menos que en el colegio?, comentó Luli mientras disfrutaba una paleta de fresa que tanto le gusta.
-Nada importante en realidad, yo solo….
-Estás enamorada, añadió Carla.
¿Enamorada? hasta el momento no sé cómo se siente estar enamorada. Para ser sincera, solo me he ilusionado, como con Braulio, pero enamorada no, eso no. Mi padre me comentó que cuando conoció a mi madre en una reunión de reencuentro de ex alumnos del colegio supo que iba a ser su compañera de vida. Mi madre se hizo de rogar por unos meses, hasta que ya no pudo más con la insistencia de mi padre en salir a pasear, al cine o comer algo.
-Creo que hoy tocará sacar al baúl de los recuerdos de mi familia y buscar fotografías para la clase del jueves, comenté, eliminando el silencio que nos invadió unos instantes.
-Creo que llegué última en la fila de dotes artísticos así que les pediré un poco de ayuda el jueves, mencionó Luli con voz agotada después de haber corrido hasta donde estábamos sentados en estilo indio. El timbre de salida sonó y todos nos levantamos de nuestros asientos rápidamente como si las sillas quemasen. No sé por qué, pero mi mochila pesaba como los demonios, por eso Max se ofreció a ayudarme y me pareció ver un atisbo de sonrisa en su cara cuando pasó Lucía, una compañera nueva de la sección B. Estaba tan cansada que no tuve energía para sacarme la duda si lo que vi fue una alucinación mía o quizá estaba empezando a sentir algo por la “nueva”, como todos le decíamos pese que estamos prácticamente mitad de año.