Estaba llegando a
la veterinaria cuando me doy cuenta que había olvidado mis llaves en la cartera
que usé ayer; como regalo de cielo, antes de entrar en trompo, recordé que
Ramiro, mi jefe, le dio una copia de la llave principal a una señora de
confianza que tiene una tienda en la esquina de la calle del local, así que eso
me tranquilizó un poco. Al bajar del carro, me dirijo a la tienda para pedir la
llave, hasta que un señor con gesto afable me dice que si hubiese llegado unos diez
minutos antes la encontraba. La Sra. García tuvo que viajar de emergencia a
Trujillo a cuidar a su padre que está muy enfermo.
A pesar de que
lamento lo sucedido con el papá de la señora, estaba empezando a odiar este día
ya que Ramiro demorará en llegar por su cita en el dentista. Como tenía que
esperar al menos una hora me decanté por ir a una cafetería que queda a dos
cuadras; caminé despacio ya que no tenía apuros. Al llegar me pedí un café con
leche y unas galletas.
Estaban
sintonizando una novela mientras una emisora de la radio daba la noticia que hay
probabilidad que garue en Miraflores y San Isidro ya que había muchas nubes grises
que cubrían gran parte del cielo de esos distritos. Mi celular empezó a sonar y al contestar, a
pesar que el número era desconocido la voz me pareció familiar. Era la Sra.
Martinez, preguntándome a qué hora íbamos a abrir ya que quería que bañemos a
sus dos gatos, Pelusa y Motas, los cuales estaban muy sucios.
Pago rápidamente
mi pedido y camino con rapidez al trabajo, deseando llegar a tiempo. Vi la
camioneta de Ramiro estacionada al costado de mi carro, baja con una cara de
sorpresa al ver que la veterinaria estaba cerrada, así que me pidió
explicaciones. Estaba por pedirle disculpas por lo sucedido, cuando la llegada
de la Sra. Martinez me salvó la vida y lo único que hizo fue abrir la puerta
principal, ayudándola a cargar la jaula de Pelusa. Lo ayudé a bañarlos, le
pusimos la vacuna que necesitaban y se los entregamos. Después llegó Mathias,
el sobrino de Ramiro con su perro Pipo, pidiéndonos que le cortemos su pelaje
ya que últimamente estaba botando muchos pelos y su mamá de la desesperación ya
quería regalarlo. Ramiro se encargó de Pipo y me pidió que me siente en el
recibidor para atender a los clientes.
Estaba observando
el reloj rojo que colgaba en la pared principal de la veterinaria hasta que una
voz me sacó de mis ensoñaciones.
-Disculpe,
quisiera saber si tienen disponibilidad para revisar a mi perro que se ha
doblado una pata mientras perseguía a mi otra mascota en el parque. ¿Pueden
ayudarme?, comentó un joven con voz desesperada.
-Claro que sí,
enseguida lo atiendo, respondí
Al girar mi vista hacia el cliente, escucho
una risa que me causó confusión. Era Gabriel, no sabía cómo reaccionar ante
semejante sorpresa. Atiné a cargar a su pastor alemán y echarlo en la camilla
para poder revisar su pata dañada.
Gabriel me comentó
que Bally, estaba persiguiendo al perro de su hermana Nicoletta, cuando su pata
trasera derecha se atascó en una banca del parque cercano a su casa.
-Lamento lo
ocurrido. Vamos a hacerle una radiografía para ver si tiene un hueso roto o
solo requiere usar una venda, le expreso con calma.
Después de realizar dicho procedimiento,
llegamos a la conclusión que el accidente de Bally no fue grave y por ello, le puse
una venda mientras este mi miraba con una expresión de tristeza como
entendiendo cuál iba a ser la consecuencia y Gabriel le acarició el lomo a su
peludo compañero.
Programamos su
próxima cita para revisar su proceso y me agradeció la ayuda a su “hijo” como
él le dice. No vive cerca, pero me comentó que le gusta venir a un parque
cercano ya que le recuerda a su niñez. A pesar de que me apena lo ocurrido con Bally
y me extrañó que justo haya venido a esta veterinaria, su visita me agradó
mucho y solo espero que sea más seguido.
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